LO QUE NOS ENSEÑAN LOS CUENTOS

Seguro que recuerdas que los cuentos de tu infancia, los clásicos y todos con sus moralejas. Bien, en la actualidad podemos encontrar muchos cuentos que nos pueden ayudar a gestionar divesas stuaciones con nuestras criaturas.

He de reconocer que soy una enamorada de los libros y que, al nacer mis hijos, empecé a hacer acopio de cantidad de cuentos infantiles diferentes a los habituales, que tuvieran un trasfondo más adecuado para el trabajo de emociones y diversidad.

Os voy a dejar un listado, la mayoría los tengo o he tenido en casa, y otros estarán 😜

TE QUIERO, CASI SIEMPRE

Este libro de Anna Llenas nos explica de una manera muy amena esas pequeñas cosas que nos sacan de quicio de las personas que queremos, con el detalle de que no por ello dejemos de querer a esa persona.

ELMER

Elmer es un elefante que es diferente a los demás, le dejan de lado y él se siente mal por ello. Nos enseña a ver la diferencia como algo positivo.

De este estilo podéis encontrar otros similares como “El pez arcoiris”, entre otros.

FAMILIAS

Este libro me recuerda a uno que compré en un evento de familias LGTBI, que era como una libreta donde cada página estaba partida en 3 partes y tú podías ir formando a diferentes personas con diferentes rasgos.

Como ese libro ya no lo tengo, os pesento este otro, que está escrito por las mamás de Álex, un precioso pequeño. En este libro nos explican de manera muy visual y sencilla varios de los diferentes tipos de familia que existen.

CUENTOS ICEBErG

El martes pasado, en una mentoría de DP, conocí a Ana Fraga, facillitadora de disciplina positiva y autora de los Cuentos Iceberg.

En DP hablamos de las metas equivocadas, que son aquellos comportamientos y actitudes en los que se instalan las criaturas que no representan, exactamente, lo que necesitan.

Os pongo un ejemplo: vuestra criatura os desafía constantemente, siempre lleva la contraria, hace aquello que sabe que más os saca de quicio; pues bien, no tenéis una tirana en potencia, si no una persona que se ha instalado en una meta equivocada: cree que esas acciones son las únicas que la hacen pertenecer, sentirse vista, tener atención; aunque sea negativa.

Pues bien, en estos cuentos, Ana nos explica a través de personajes y situaciones inventadas, a identificar en qué meta equivocada están lxs pequeñxs y cómo podemos ayudarles.

Hasta aquí las recomendaciones por ahora, creo que con este material os podéis adentrar en el maravilloso mundo de la educación emocional.

Solo tenéis que escucha mucho, así que si los vais a utilizar como cuentos de buenas noches, os recomiendo que no lo hagáis cuando estéis al borde del colapso mental después de un duro día 😅.

Si os animáis con alguno o si ya los tenéis, explicadme vuestra opinión, soy toda oídos 😁

¿CÓMO APLICO LA DISCIPLINA POSITIVA?

He aquí la pregunta de oro, el santo grial, la piedra filosofal, el porqué de las cosas.

Esta suele ser la pregunta que me hacen las familias cuando se informan sobre la DP y quieren una receta mágica.

Siento informarte de que, como en todo lo bueno, no la hay, así de simple y así de maravilloso. Espero que sigas leyendo después de lo que he dicho, porque, aunque no lo parezca, es algo muy positivo.

Al no haber una única manera de hacer y de actuar, se puede adaptar a las diferentes familias: su organización, funcionamiento, personalidades, ideales… y cuando se adopta la mentalidad, todo es posible.

Va, no te desanimes, te dejo 5 tips para empezar:

  • Querer hacer el cambio: puede parecer una tontería, pero es el primer paso como en todo proceso, querer, ser conscientes de que queremos otro tipo de relación con nuestras criaturas.
  • Entender las relaciones como iguales: tenemos en nuestra mochila las vivencias y creencias de que las hijas e hijos pertenecen a las madres y padres, que hay una única vía de comunicación y educación que es de arriba hacia abajo. Otro valor fundamental de la DP es que todos los miembros de la familia son iguales, lo cual quiere decir que no podemos imponer, hay que escuchar y llegar a acuerdos. Una manera muy útil de ejemplificar esto es pensar en como actuamos en muchas de las situaciones que vivimos en casa, si esta fuese con otro adulto (trabajo, amistades, deporte…). Así distingiumos entre jerarquía y cooperación.
  • Amable y firme a la vez: ¿esto quiere decir que les tengo que dejar hace lo que quieran? Esta es la pregunta que viene a continuación. Evidentemente, no. Volvamos a la comparación con los compañeros de trabajo: cuando uno no entiende algo o hace una cosa de manera incorrecta, hablamos con esa persona y le explicamos y hacemos entender como hacerlo, de manera que no se sienta menospreciada y que entienda que es lo mejor para el funcionamiento del grupo. Exactamente igual con nuestras hijas e hijos. No vamos a dejar que toquen el fuego o que crucen la calle sin mirar, solo hay que prevenir, explicar y entenderles, puesto que no lo hacen porque sean inconscientes o nos quieran hacer enfadar, si no que lo hacen guiados por su maravillosa curiosidad, o por un horrible sentimiento de desconexión.
  • Comunicación efectiva: cuando hay, lo que se considera socialmente, un mal comportamiento, viene provocado por una mala gestión de una situacion que ha vivido; teniendo esto en cuenta, lo primero que debemos hacer es respirar (porque seguramente estaremos como un basilisco 😁) y después conectar con la criatura. Conectar quiere decir que empatizamos con ella, respetamos lo que siente e intentamos ponerle palabas a sus emociones.
  • Ni castigos ni recompensas: vale lo de los castigos, pero… ¿las recompensas tampoco? Pues no, y te explico porqué: tanto una cosa como otra lo que hace es que la hija o hijo busque continuamente la aprobación del adulto, es decir, no aprende el beneficio que le conlleva la actuación que le pedimos, si no, simplemente lo hace porque hay una consecuencia impuesta. Me podrías decir que tampoco es tan grave, pero tengamos en cuenta, de nuevo, esta manera de hacer en un adulto, ¿queremos que nuesta hija o hijo haga las cosas por aprobación externa? En el trabajo, con los compañeros, con la pareja…

Nunca es tarde, no importa nuestra edad ni la de nuestros hijos, plantearnos cambios para mejorar, lejos del susto inicial, nos tiene que ayudar a mejorar nuestra relación de familia.

No digo que sea rápido, no digo que sea fácil, solo digo que valdrá la pena.

¡¿QUIERES DEJAR DE GRITAR?!

Has leído el título con una entonación concreta y te ha llevado a un momento en concreto con tus hijas y/o hijos, ¿verdad?

No te sientas mal si es así, nos pasa a muchas personas, a más de las que lo reconocemos.

Somos muchas las que queremos educar a nuestras hijas e hijos de una manera diferente a como lo hizo nuestra familia con nosotras. Eso no significa despreciar los que nuestros padres hicieron, si no entender que la sociedad ha cambiado y que creemos que otro modelo educativo es posible y más beneficioso para ellos.

El problema viene cuando queremos hacer estos cambios y pasamos al extremo opuesto: de la firmeza excesiva a la permisividad absoluta; a lo dice el refrán: todos los extremos son malos, sé que es muy fácil decirlo y no tanto ponerlo en práctica. La Disciplina Positiva nos enseña este punto intermedio: amabilidad y firmeza, pero de esto ya hablaremos en otro momento.

¿Cuantas veces, estemos en el extremo que sea, hemos llegado al punto de decir la frase del título? Sin duda, unas cuantas. Y esto solo nos viene a recordar algo más importante que cualquier teoría educativa, del sueño, de la alimentación o de cualquier ámbito relacionado en la crianza, y no deja de ser otro que el ejemplo educa. Nos puede parecer una tontería, pero les decimos a nuestra prole que deje de gritar, gritándoles.

La intención de este texto no es hacer sentir culpable a nadie, ni mucho menos, solo que empezamos a ser conscientes de que el cambio, debe empezar por nosotras y nosotros, que el “tú haz lo que diga y no lo que haga”, no funciona.

Y… ¿CÓMO LLEGASTE A ESTO?

Cuando le digo a la gente que he dejado mi trabajo de maestra para dedicarme a asesorar y ayudar a las familias con Disciplina Positiva, suelen poner una cara que indica que se alegran, pero que no saben de qué les hablo.

Si intento pensar cuando me topé con la DP, no sabría decir un momento exacto, pero sí quien me llevó hasta ella.

Mi hijo mediano nos llenó, con su intensidad, de dudas y de retos que salvar diariamente, rabietas, ira, ansiedad, enfados y alegrías desmesurados, que no sabíamos como gestionar.

Cuando lo iba a recoger a la escuela infantil remoloneaba para salir, y durante un buen rato después de salir, me trataba con indiferencia y durante las siguientes horas sabía que me esperaban todo tipo de “noes”, rabietas y llantos.

Lo interpretaba como que me hacía pagar el que le “abandonase” y me sentía fatal. No iba desencaminada, pero no lo hacía para vengarse, si no que era su manera de hacerme sentir lo que él sentía.

Como dice @unamadremolona, las niñas y niños son unos grandes expertos en hacernos sentir como ellos se sienten.

Con los años, las dificultades cambiaron, se convirtieron en luchas de poder, enfrentamientos con sus hermanos y con nosotros. Llegamos a cruzar límites de insultos, peleas y escapadas de casa.

Hacia los 6 años, mi desesperación iba en aumento de la mano de su sufrimiento, así que empecé a investigar, a buscar métodos, sistemas, alternativas… hasta que di con la disciplina positiva: empatía, respeto, conexión, emociones, decisiones, implicación…

Solo puedo decir que la DP, junto con la persona que me abrió los ojos en otros aspectos (ya os hablaré de ella más adelante 😉) ha supuesto un cambio radical en mi vida: familiar y laboral.

En casa se ha generado un ambiente tranquilo, participativo y feliz, aunque eso no quiere decir que no haya problemas, si no que cuando aparecen, los solventamos de una manera respetuosa y validando las emociones de todos.

Ha sido un proceso largo y, por qué no, difícil, pero no volvería atrás por nada del mundo.

VUELTA AL COLE EN TIEMPOS DE COVID

“Me gusta mucho 1º, mami, porque las maestras nos preguntan como estamos, quieren que les expliquemos cosas, no es tanto estudiar, estudiar”.

Esta ha sido la reflexión de mi 3º cuando hoy íbamos camino del cole.

Como maestra, este comentario me sorprendió y me dolió a partes iguales. ¿Así se sienten algunas ninas y niños? ¿No se sienten escuchados ni importantes?

En el desarrollo de mi profesión, he pasado por muchas fases, supongo que como muchas compañeras, pero siempre he tenido muy clara la importancia de conectar con mi alumnado, que se sientan escuchados, dedicarles un saludo y una despedida personal cada dia, decirles con mis actos: “te veo”, “te escucho”.

por que si no, ¿dónde queda el vínculo?

La importancia de la pertenencia, no podemos olvidar que lo que necesitamos es petenecer, saber que somos parte de algo y que somos importantes para el grupo.

Espero que esta pandemia nos haya dejado este aprendizaje y que lo anclemos a nuestra manera de hacer siempre, porque ellas y ellos lo agradecen y porque mejora el ambiente y la estabilidad de las y los peques para prepararse para todo el conociemiento que les espera.

Deseo que vuestro inicio de curso os haya colmado de alegría, por los reencuentros, la rutina, las risas, las explicaciones de como ha ido el día y, que todo eso, calme los miedos, las tensiones y el desconcierto.

Conexión, comunicación y paciencia, es difícil, pero no imposible.