¡¿QUIERES DEJAR DE GRITAR?!

Has leído el título con una entonación concreta y te ha llevado a un momento en concreto con tus hijas y/o hijos, ¿verdad?

No te sientas mal si es así, nos pasa a muchas personas, a más de las que lo reconocemos.

Somos muchas las que queremos educar a nuestras hijas e hijos de una manera diferente a como lo hizo nuestra familia con nosotras. Eso no significa despreciar los que nuestros padres hicieron, si no entender que la sociedad ha cambiado y que creemos que otro modelo educativo es posible y más beneficioso para ellos.

El problema viene cuando queremos hacer estos cambios y pasamos al extremo opuesto: de la firmeza excesiva a la permisividad absoluta; a lo dice el refrán: todos los extremos son malos, sé que es muy fácil decirlo y no tanto ponerlo en práctica. La Disciplina Positiva nos enseña este punto intermedio: amabilidad y firmeza, pero de esto ya hablaremos en otro momento.

¿Cuantas veces, estemos en el extremo que sea, hemos llegado al punto de decir la frase del título? Sin duda, unas cuantas. Y esto solo nos viene a recordar algo más importante que cualquier teoría educativa, del sueño, de la alimentación o de cualquier ámbito relacionado en la crianza, y no deja de ser otro que el ejemplo educa. Nos puede parecer una tontería, pero les decimos a nuestra prole que deje de gritar, gritándoles.

La intención de este texto no es hacer sentir culpable a nadie, ni mucho menos, solo que empezamos a ser conscientes de que el cambio, debe empezar por nosotras y nosotros, que el “tú haz lo que diga y no lo que haga”, no funciona.

Y… ¿CÓMO LLEGASTE A ESTO?

Cuando le digo a la gente que he dejado mi trabajo de maestra para dedicarme a asesorar y ayudar a las familias con Disciplina Positiva, suelen poner una cara que indica que se alegran, pero que no saben de qué les hablo.

Si intento pensar cuando me topé con la DP, no sabría decir un momento exacto, pero sí quien me llevó hasta ella.

Mi hijo mediano nos llenó, con su intensidad, de dudas y de retos que salvar diariamente, rabietas, ira, ansiedad, enfados y alegrías desmesurados, que no sabíamos como gestionar.

Cuando lo iba a recoger a la escuela infantil remoloneaba para salir, y durante un buen rato después de salir, me trataba con indiferencia y durante las siguientes horas sabía que me esperaban todo tipo de “noes”, rabietas y llantos.

Lo interpretaba como que me hacía pagar el que le “abandonase” y me sentía fatal. No iba desencaminada, pero no lo hacía para vengarse, si no que era su manera de hacerme sentir lo que él sentía.

Como dice @unamadremolona, las niñas y niños son unos grandes expertos en hacernos sentir como ellos se sienten.

Con los años, las dificultades cambiaron, se convirtieron en luchas de poder, enfrentamientos con sus hermanos y con nosotros. Llegamos a cruzar límites de insultos, peleas y escapadas de casa.

Hacia los 6 años, mi desesperación iba en aumento de la mano de su sufrimiento, así que empecé a investigar, a buscar métodos, sistemas, alternativas… hasta que di con la disciplina positiva: empatía, respeto, conexión, emociones, decisiones, implicación…

Solo puedo decir que la DP, junto con la persona que me abrió los ojos en otros aspectos (ya os hablaré de ella más adelante 😉) ha supuesto un cambio radical en mi vida: familiar y laboral.

En casa se ha generado un ambiente tranquilo, participativo y feliz, aunque eso no quiere decir que no haya problemas, si no que cuando aparecen, los solventamos de una manera respetuosa y validando las emociones de todos.

Ha sido un proceso largo y, por qué no, difícil, pero no volvería atrás por nada del mundo.

VUELTA AL COLE EN TIEMPOS DE COVID

“Me gusta mucho 1º, mami, porque las maestras nos preguntan como estamos, quieren que les expliquemos cosas, no es tanto estudiar, estudiar”.

Esta ha sido la reflexión de mi 3º cuando hoy íbamos camino del cole.

Como maestra, este comentario me sorprendió y me dolió a partes iguales. ¿Así se sienten algunas ninas y niños? ¿No se sienten escuchados ni importantes?

En el desarrollo de mi profesión, he pasado por muchas fases, supongo que como muchas compañeras, pero siempre he tenido muy clara la importancia de conectar con mi alumnado, que se sientan escuchados, dedicarles un saludo y una despedida personal cada dia, decirles con mis actos: “te veo”, “te escucho”.

por que si no, ¿dónde queda el vínculo?

La importancia de la pertenencia, no podemos olvidar que lo que necesitamos es petenecer, saber que somos parte de algo y que somos importantes para el grupo.

Espero que esta pandemia nos haya dejado este aprendizaje y que lo anclemos a nuestra manera de hacer siempre, porque ellas y ellos lo agradecen y porque mejora el ambiente y la estabilidad de las y los peques para prepararse para todo el conociemiento que les espera.

Deseo que vuestro inicio de curso os haya colmado de alegría, por los reencuentros, la rutina, las risas, las explicaciones de como ha ido el día y, que todo eso, calme los miedos, las tensiones y el desconcierto.

Conexión, comunicación y paciencia, es difícil, pero no imposible.